viernes, 20 de mayo de 2016


Trastorno Disocial.



El TD es el trastorno externalizado más grave y está caracterizado por un patrón repetitivo y persistente de conducta que incluye la violación de los derechos básicos de los demás, de las normas sociales o de las leyes.

En el TD existe un patrón de comportamiento antisocial que vulnera derechos de las otras personas, así como normas de convivencia y/o reglas socialmente aceptadas para su edad, siendo estos comportamientos inmanejables por personas cercanas al individuo sintomático, lo que provoca un deterioro progresivo y significativo en el ámbito interpersonal, relacional y laboral.




Su prevalencia en población general adolescente es del 6 al 16% en varones y del 2 y el 9% en mujeres.



Romero, Luengo y Gómez (2000) remarcar que la conducta disocial ejerce efectos negativos de vuelta sobre sus determinantes, contribuyendo a debilitar los vínculos con la familia y favoreciendo una implicación cada vez mayor con amigos pandilleros o delincuentes.





El TRASTORNO DISOCIAL se caracteriza por cuatro áreas de manifestación: 
  • Agresión a personas y animales
  • Destrucción de la propiedad 
  • Fraudulencia/robo 
  • Violaciones graves a las normas.

Esta categoría incluye una serie de manifestaciones muy heterogéneas que se han descrito como: 

  • Fanfarroneo.
  • Amenaza o intimidación a otros.
  • Peleas físicas.
  • Uso de armas que puede causar un daño físico grave a otras personas (palo, botella, navaja, pistola).
  • Manifestación de crueldad física con personas o con animales.
  • Robo.
  • Forzar a alguien a mantener una actividad sexual.
  • Provocar deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves.
  • Destrucción deliberada de propiedades de otras personas.
  • Irrupción violenta a la casa o el automóvil de otra persona.
  • Expresión de mentiras para obtener beneficios.
  • Favores o evitar obligaciones.
  • Robo de objetos de cierto valor sin enfrentar a la víctima.
  • Permanecer fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas.

En cuanto a los aspectos epidemiológicos, los trastornos del comportamiento son una de las causas más frecuentes de consulta en los servicios especializados de salud mental infantil y juvenil.

La adolescencia es el periodo crítico de presentación del problema, aunque la media de inicio se encuentra sobre los 11 años. Es más probable que los individuos con trastorno disocial de inicio en la infancia desarrolle un trastorno antisocial en la edad adulta que en los que el inicio  de la adolescencia.

Destacar también que el predominio de hombres es menor en este tipo de trastorno en la adolescencia.





Tratamiento.

El abordaje terapéutico de los trastornos del comportamiento se denomina multimodal, debido a que participan en el tratamiento distintos profesionales con varias estrategias que deben estar coordinadas entre sí. La terapia psicológica precoz mediante estrategias conductuales se debe emplear de manera precoz, ya que es una medida que mejora el pronóstico.

Las estrategias psicológicas se deben emplear en todos los contextos del niño y del adolescente; por lo que, además el aprendizaje familiar, se deben aportar pautas útiles a educadores y profesores. En la intervención no se deben olvidar los factores de entorno, como los aspectos socio-económicos y culturales. Tampoco los factores inherentes al niño y al adolescente.

La terapia farmacológica se puede usar en las situaciones más graves.
Cuando el tratamiento psicológico no es efectivo o cuando las dificultades conductuales son muy importantes. Además, en ocasiones otros profesionales intervienen en el proceso terapéutico.



 
                                                                   
     







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